Hoy hubo trueque de libros. Estas son mis nuevas adquisiciones, que entrarán a hacer parte de la ya muy abultada pila de libros por leer.
Hoy hubo trueque de libros. Estas son mis nuevas adquisiciones, que entrarán a hacer parte de la ya muy abultada pila de libros por leer.
¿Qué has venido a hacer aquí, Fernando?, se interesó el hijo de la costurera que, recién salido del desván de la Calçada do Tojal, se ajustaba el cinturón, se arreglaba la corbata, posaba la cerveza en el estaño de la barra, al mismo tiempo que el ciego se inclinaba hacia el piano y mi hermana Julieta gritaba en el desván No, y mi madre ¿Qué tendrá, Fernando?, y mi padre ¿Qué has visto tú, Fernando?, y yo, el estúpido, avanzaba un paso, empujaba al vendedor de cupones, cogía una botella, Lo que debí haber hecho hace ocho años, chico, romperte la cara: nada especial, como ves.
—António Lobo Antunes - El orden natural de las cosas.
Tengo que decir que este libro se me hizo cansino a ratos, pero cosas como esta (por lo menos cuatro planos temporales, cinco voces, todo condensado en un contundente parrafito) me impulsaban a seguir.
I said no, there wouldn’t be marvelous places to go to after I went to college and all. Open your ears. It’d be entirely different. We’d have to go downstairs in elevators with suitcases and stuff. We’d have to phone up everybody and tell ‘em good-by and send ‘em postcards from hotels and all. And I’d be working in some office, making a lot of dough, and riding to work in cabs and Madison Avenue buses, and reading newspapers, and playing bridge all the time, and going to the movies and seeing a lot of stupid shorts and coming attractions and newsreels. Newsreels. Christ almighty. There’s always a dumb horse race, and some dame breaking a bottle over a ship, and some chimpanzee riding a goddam bicycle with pants on. It wouldn’t be the same at all. You don’t see what I mean at all.
—Holden Caulfield - The catcher in the rye.
Enseguida nos dimos cuenta de que las chicas Bond no entraban en nuestra competencia, aunque tardamos mucho más en comprender que las mujeres nunca nos van a mirar como mira Ursula Andress a Sean Connery, ni tampoco como mira Doris Day a Rock Hudson. Yo en todo caso no estoy seguro de haberlo comprendido debidamente.
—Nick Hornby - Alta fidelidad.
Te hace falta todo el lastre que puedas reunir para que no se te lleve la corriente; te hace falta gente a tu alrededor, que pasen cosas; si no, la vida parece una película cuyo presupuesto se ha agotado, cuando ya no quedan platós, exteriores, actores, técnicos, y no hay más que un solo tipo que mira por el visor de la cámara sin nada mejor que hacer, sin nadie con quien hablar. ¿Quién se iba a creer a ese personaje?
—Nick Hornby - Alta fidelidad.
A ti también te interesó el mundo. Fue hace mucho tiempo; te pido que lo recuerdes. El campo de la norma ya no te bastaba; no podías seguir viviendo en el campo de la norma; por eso tuviste que entrar en el campo de batalla. Te pido que te remontes a ese preciso momento. Fue hace mucho tiempo ¿no? Acuérdate: el agua estaba fría.
Ahora estás lejos de la orilla: ¡ah, sí, qué lejos estás de la orilla! Durante mucho tiempo has creído en la existencia de otra orilla; ya no. Sin embargo sigues nadando, y con cada movimiento estás más cerca de ahogarte. Te asfixias, te arden los pulmones. El agua te parece cada vez más fría, y sobre todo cada vez más amarga. Ya no eres tan joven. Ahora vas a morir. No pasa nada. Estoy ahí. No voy a abandonarte. Sigue leyendo.
Vuelve a acordarte, una vez más, de tu entrada en el campo de batalla.
—Michel Houellebecq - Ampliación del campo de batalla
No se pertenece usted a sí mismo. Nunca se ha pertenecido. Desde su nacimiento, su cuerpo sufre ocupaciones y saqueos. No consigue usted disfrutar de su única morada en esta tierra, de esa masa de células que al menos podría ser un breve himno, una adhesión al sol por desolada que fuera, de esa cosa en cuyo interior morirá, usted y no otro. Libra usted una lucha agotadora y, para destruir al enemigo que lleva dentro, se destruye usted a sí mismo poco a poco con fúnebre alegría. Su estado normal es la insatisfacción o la angustia. Cuando está insatisfecho se siente casi feliz, porque al menos ha logrado que la angustia se aleje un momento. Si sigue así, su vida no habrá sido nada más que un alarido entre dos abismos.
—Pierre Mérot - Mamíferos.
Sigue a los navíos. Sigue las rutas que surcan las gastadas y tristes embarcaciones. No te detengas. Evita hasta el más humilde fondeadero. Remonta los ríos. Desciende por los ríos. Confúndete en la lluvias que inundan las sabanas. Niega toda orilla.
—Maqroll el gaviero
Los kítreos meditan antes de hacer cada tarea. Antes de dar cada paso. Por esto, en pocas ocasiones se ve a un kítreo dando un paso. Por lo general, permanecen inmóviles, con el ceño fruncido y una mano empuñada bajo el mentón. Los kítreos piensan con la mano.
Si un kítreo no medita y se atreve a dar un paso, quedará completamente idiota y moviéndose rítmicamente en la secuencia del paso que iba a dar, por lo cual los kítreos bobos son muy útiles para instalar en los mecanismos de los relojes.
—Darío Jaramillo Agudelo, Guía para vajeros.
… desde entonces ya no hubo en el distrito un perro aplastado, una granja incendiada, una mujer maltratada, sin que Homais diera inmediatamente parte al público, siempre guiado por el amor al progreso y el odio a los curas. […] denunciaba abusos, lanzaba boutades. Era su palabra. Homais iba minando; iba resultando peligroso.
—Gustave Flaubert, Madame Bovary.
Si dijimos que Madame Bovary sería una hipster, ¿qué sería Homais?
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